

SOY SANJUANENSE
Un poco de historia...


Rita Pérez de Moreno y la Guerra de Independencia
Muy poco se sabe de su niñez y juventud, solamente que esporádicamente iba a la casa que tenían sus padres en San Juan; de lo que si se dice es que conoció a un primo en 4º grado, que estudiaba en el seminario de Guadalajara y vecino de la villa de santa María de los Lagos, llamado Pedro Moreno González, que frecuentaba a su familia en las vacaciones; formalizo su noviazgo y luego su matrimonio, que se realizó en la capilla de la hacienda de la cañada el 30 de abril de 1799 después de la dispensa religiosa por el parentesco que tenían.
Con el objeto secundario del comercio, Don Pedro viajo a Michoacán, pero su principal inquietud ya en 1813 era ponerse en contacto con la Junta de Apatzingán y comentar con familiares y amigos los acontecimientos a favor de la insurgencia y si era necesario, tomar las armas; a su regreso a Lagos, receloso de la vigilancia realista, se quedó en su haciendo la Sauceda desde donde se puso en contacto con sus amigos, vecinos, hermanos y su esposa Doña Rita, manifestando su deseo de tomar las armas a favor de la Independencia; escribió a Doña Rita desde la Hacienda de la Sauceda, haciéndole presente su resolución y para decirle que “ella era libre en conciencia para seguirlo o para quedarse con sus hijos en Lagos o en San Juan de los Lagos al lado de su madre”. Ella declaro sin vacilar, que con sus cuatro hijos corría la misma suerte que su marido. A la niña Guadalupe por su corta edad (poco más de dos años) deciden dejarla en Lagos, en custodia del Pbro. Don Ignacio Bravo que vivía en la hacienda de la Cañada Grande; el padre fue hecho prisionero y al saber Brillanti que la hija era de Don Pedro y Doña Rita, decidió retenerla como prisionera hasta 1817, dejándola en libertad, uniéndose a su madre; su hijo Luis, estaba con Don Pedro, iniciando así su calvario en el escenario de la guerra y el sufrimiento que soporto con gran estoicismo que la caracterizo durante los 3 años 6 meses de campaña, iniciada en 1814; Doña Rita acompaño a su esposo y al ejercito insurgente del Fuerte del Sombrero, todo el tiempo y aunque nunca se le vio que empuñara las armas, si era ella la que sabía cuántas porciones de comida tenía que preparar, cuantos heridos había en la tropa, como se encontraba la despensa, aunque nunca estuvo en combate como su esposo, en los lugares más peligrosos, estuvo siempre rodeada de inminentes peligros, luchando sin cesar a favor de la Independencia de México, con la inteligencia y el corazón, dando voces de aliento a los combatientes, curando las heridas de los soldados, proporcionando toda clase de auxilios a los moribundos y en todo caso comunicando a todos los que la rodeaban la constancia, la paciencia, la abnegación, el amor a la Patria, y el valor de que ella misma era un ejemplo vivo en las grandes contrariedades que se les presentaba.
En una ocasión cuando Don Pedro Moreno tenia algunos prisioneros realistas, el comandante Revueltas le propuso el canje de ellos por su hija Guadalupe, pero no acepto y Doña Rita no expreso ninguna suplica maternal que pudiera manifestarse; ni tampoco insto a su marido cuando le fue propuesto al indulto para él, su familia y los suyos por el Brigadier José de Cruz que por medio del padre Vega le propuso en el Fuerte del Sombrero.
Las penas y los sobresaltos de la guerra continuaron para Doña Rita ya que al poco tiempo recibió la terrible noticia de la muerte en combate de su hijo de 14 años, Luis en la batalla de la Mesa de los Caballos, el 10 de Marzo de 1817 con un valor semejante a su padre, y a pesar de ello no desmayaba ni se arredraba, por el contrario estaba presta para curar, reconfortar, alimentar, auxiliar, etc., a los insurgentes que cariñosamente la llamaban “Generala”.
Así las cosas y viendo el virrey Apodaca que la resistencia insurgente crecía con la llegada de Francisco Javier Mina a nuestro país y que Moreno, el Padre Torres, Ortiz y otros jefes se le pusieron a sus órdenes por indicaciones de la Junta de Jaujilla; inició su campaña con algunos triunfos y se va la fuerte del Sombrero después de atacar a León donde fue rechazado vigorosamente.
Se une a Moreno para reorganizarse pero ya Pascual Liñan se encontraba al pie del cerro de Orrantia y Negrete que desde el 1º de Agosto mantenían sitio al lugar que carecía de alimentos, agua, medicina, etc. A lo que estas necesidades Doña Rita suplía con consejos, cariño y fortaleza, mas para los heridos y moribundos que para su familia.
Mina, viendo que era insostenible la resistencia sin el auxilio del P. Torres, decidió el día 9 de agosto salir ocultamente con Ortiz, Borja y sus asistentes para traer auxilio al fuerte, al cual intento introducir alimentos, agua y medicamentos, el día 12 pero los realistas de Orrantia, Liñán y Negrete se lo impidieron, por lo cual Mina ordeno a Young la evacuación del fuerte, y que se propusiera la capitulación a Liñán pero este se negó.
En este campo de horror, de exterminio, de lágrimas de sangre, de infortunio, que envolvió a los situados del Sombrero, nuestra célebre matrona que se encontraba en espera de un nuevo hijo, se olvidaba de sí misma y de sus hijos, que ya eran 4, para curar a los heridos, auxiliar a los moribundos, enjuagar las lágrimas de tantos miserables, de sepultar en fosa común a los muertos; aguantar el hambre, la sed, los insomnios y todo lo que tuvieron que soportar por más de 20 días de sitio; decidió Don Pedro romperlo y salir sigilosamente, la noche del 19 al 20 de agosto de 1817 pero el llanto de los niños, los quejidos de los heridos y lo despierto de los realistas, fueron descubiertos, salvándose unos, entre ellos Don Pedro Moreno, muertos otros, heridos los demás, tuvieron que regresarse y al subir a la cumbre del Sombrero, allí se encontraba Doña Rita, nuestra ilustre insurgente, rodeada de sus hijos: Josefa, Luisa, Severiano y Pudenciana, sus criados y el poco ejército que quedaba, impasible, con gran entereza y valor poco usuales.
Todos los prisioneros fueron conducidos a pie a la Mesa de las Tablas y de ahí a León, llegando el día 23 donde estuvo en la cárcel pública y de ahí a Silao pero donde gracias a la intervención del capitán Pasos, donde nuevas penas llegarían para Doña Rita; muere Pudenciana, aborta el ultimo vástago y luego muere Severiano, entonces quieren llevársela para México para ser juzgada, pero los Obregón y Pasos se opusieron ya que las condiciones de salud y postración, que fueron certificados por médicos militares, impidieron que hiciera algún viaje, por lo que se le permitió quedarse, pero para colmo de las pruebas de dolor, recibe la noticia de la muerte de Don Pedro, la cual resistió con toda entereza.
Estuvo presa hasta junio de 1819, en que Apodaca la dejo en libertad, yéndose a San Juan para vivir sus últimos años en casa de su madre por la calle Real de México (ahora Rita Pérez de Moreno) donde murió de hidropesía a los 82 años, el 27 de agosto de 1861.